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Enterarse que un miembro de nuestra familia tiene VIH, puede causar un gran impacto emocional en los miembros de la misma y las reacciones pueden variar en diferente medida.
Si bien algunos pueden reaccionar empáticamente, otros pueden sentirse indignados y pueden acusarlo de deshonrar a la familia. Este comportamiento puede herir gravemente la autoestima y reafirmar uno de los síntomas más dolorosos del mismo: El temor a ser rechazado.


Es por ello que cuando un miembro de nuestra familia nos confía su diagnóstico, es necesario informarse para saber cómo tratarlo, entenderlo y apoyarlo en esta etapa de su vida para evitar que pueda caer en depresión y que decaiga su estado de salud o se vuelva renuente a seguir el tratamiento.

Aunque en general se puede controlar el desarrollo de la infección de quienes la padecen, esta infección no tiene cura, pero la vida de puede resultar por mucho satisfactoria si estas personas viven en un clima solidario. De ahí la importancia del apoyo emocional y evitarle todo tipo de situaciones de estrés.

Asimismo, es sumamente importante no excluir a nuestro familiar de nuestros eventos o reuniones sociales, se debe evitar que se sienta solo, ya que es en esos momentos más que nunca que necesita del apoyo de toda su familia; de esta forma se le está influyendo valor para que pueda continuar con su tratamiento.

De igual forma, es necesario el apoyo en la parte alimentaria, es decir, controlar que consuma sus alimentos a las horas y de forma balanceada y tenga así más resistencia inmunológica.
La toma de medicamentos y los controles médicos es algo que la persona que acaba de iniciar su tratamiento se le puede olvidar, es por ello que como familiares podemos ayudarle a recordar ya que estos deben ser constantes.

Sin embargo, hay que tener cuidado, ya que brindar demasiado apoyo puede traducirse como si fuese una protección excesiva, lo que puede conllevar a que el familiar con VIH pueda perder independencia y autorrespeto, mientras que una ayuda muy ligera tal vez no ofrezca el apoyo necesario que el familiar necesite. La clave está en saber apoyar de forma cordial y sin exageraciones.

En estos casos es necesario recordar en qué circunstancias es imposible que se dé una infección, de modo tal que no ofendamos a nuestro familiar; de ahí que VIH no se propaga a través de los alimentos o el agua, por compartir vajillas o utensilios de cocina como vasos, platos, cuchillos o tenedores, ni mucho menos tocando, abrazando o dando la mano.

Finalmente, es importante que los familiares estén preparados emocionalmente para poder hacerle frente a esta nueva etapa, por lo que es recomendable que asistan a consultas psicológicas o a terapias de grupo.